¿Por qué los errores se repiten tanto, de repente, en algunos jugadores?

CUANDO NUESTRA MIRA ESTA CORRIDA.

Cuando tomamos la decisión de hacer alguna acción, el organismo comienza a desencadenar una

serie de operaciones en conjunto destinado a realizar esa labor.

¿Pero qué sucede para que eso sea posible?

La respuesta es: ¡MILES DE SUCESOS! 

En el caso de un deportista entrenado, que tiene un buen gesto técnico, buena condición física, estrategias, equilibrio emocional y psicológico etc… 

¿Qué podría estar pasando cuando se le viene una racha de “MALA SUERTE” o falta de puntería crónica de forma repentina?

Pues bien; en nuestros laboratorios hemos podido corroborar que no es la cabeza la que puede estar fallando.

¿Si no es la cabeza, qué otra cosa puede ser?

Te lo voy a explicar lo más fácil y divertido que se pueda para que podamos entendernos.

El cuerpo se comunica permanentemente, dando coordenadas al cerebro, la relación entre la mente y el cuerpo influye en la posición que adoptamos.

Uno de los grandes sensores del cuerpo es el pie, allí tenemos cerca del 60 % de los receptores propioceptivos que emiten la mayor cantidad de datos sobre nuestra posición en el espacio. Esos datos son enviados al cerebro (junto con otros datos enviados desde otras partes como el oído, las manos etc.).

Se le conoce como sistema propioceptivo y, a pesar de lo que pueda parecer, no es infalible. La posibilidad de que algo falle siempre está ahí. 

A todo el mundo, alguna vez, nos pasó que nos hemos caído o nos hemos torcido un pie o hemos apoyado mal la mano. Es porque el sistema propioceptivo ha errado el cálculo.

¿Qué puede fallar para que el sistema propioceptivo tenga un error? Muchos factores. Desde la fatiga, a una temperatura fuera de lo habitual, pasando por elementos externos no habituales en los músculos. Como de guantes, botas o un casco, que complique la calibración de distancia o peso habitual del cuerpo.

Además, si los elementos son de protección, propician una relajación en los receptores propioceptivos, favoreciendo los fallos en el sistema. Así, reaccionarán más tarde y peor, ante una agresión.


Eso puede ocurrir en algunos casos fortuitos; pero: ¿Cuándo se volvió crónico?


¡Pues; puede haberse torcido la mira de nuestro cañón!, es decir, algún factor está descalabrando nuestros receptores y las coordenadas que envía al cerebro son erróneas.

El cerebro manda (o hace que los movimientos vayan) hacia un blanco falso, quizás estemos errados en centímetros, pero lo suficiente para que nuestros tiros den en el travesaño, en los postes, salgan de la cancha o se la entreguemos al arquero rival, hagamos malos pases etc.

¿Y como se puede torce nuestra mira?

El tema está en el pie de apoyo. El pie humano y el tobillo son una fuerte y compleja estructura mecánica que contiene 26 huesos, 33 articulaciones, y más de 100 músculos, ligamentos y tendones. 

Los adultos tenemos un total de 206 huesos; es decir que entre los dos pies tenemos 52 huesos (UNA CUARTA PARTE DEL TOTAL DE NUESTROS HUESOS)

EL total de músculos, en todo el cuerpo, rondan los 639, Y solamente en los dos pies tenemos 200!!! Una tercera parte está allí!

Ese complejo esta calibrado y ajustados para que la información, el equilibrio y percepción sea perfectos.

¿Y si algún tendón, deja de estar con la tonicidad justa como si fuera un instrumento musical? Ya sea por lesiones o por debilitamiento.  La melodía sería muy fea si tocamos un instrumento desafinado.

Nuestro cerebro actúa de acuerdo a los datos que tiene.

Si un huesillo se desalineó o un musculo perdió fuerza, ALLÍ COMIENZA la “mala suerte” y erramos todo.

Por medio de mediciones funcionales del pie, rodilla, glúteos, podemos ver con claridad que es necesario “entrenar, afinar  y mantener el sistema del pie.

En nuestro laboratorio se lleva a cabo un preciso chequeo de la fortaleza de los pies.

Con algunos ejercicios funcionales podemos hacer una puesta a punto de la musculatura de los pies. Como consecuencia, los datos que se envían al cerebro son más precisos y la puntería vuelve como si fuera magia!!

Debemos llevar una ficha de cada jugador y su evolución para poder hacer ajustes y re encuadres; en pocas palabras, debemos AFINAR los instrumentos periódicamente para que salga una melodía excelsa y se transforme en obras de arte del juego.

Concluimos, entonces, que un buen entrenamiento debe estar centrado principalmente en los pies y la comunicación con el cerebro maestro.

Entonces, nunca mejor dicho que: TENEMOS LA CABEZA EN LOS PIES.

Theo Gambarini- Neuro entrenamiento 


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